1. Por qué medir la frecuencia de enfermedad
Los servicios de salud necesitan medir sistemáticamente la frecuencia de las condiciones de salud relevantes para responder adecuadamente a las necesidades de la población. Reconocer, por ejemplo, que existen 700 personas con diagnóstico de lepra en una comunidad es información esencial para organizar los recursos existentes. El recuento de casos de enfermedad, junto con el de nacimientos, defunciones y estimados censales de población, constituye el dato básico que permite conocer las condiciones de salud-enfermedad de una población.
Es prácticamente imposible conocer la magnitud real de la morbilidad en una población, por factores que van desde la diversidad cultural en la percepción de salud-enfermedad hasta la presencia de casos subclínicos (ver capítulo I.3) y la inaccesibilidad a los servicios de salud. No obstante, registros de buena calidad permiten obtener estimaciones epidemiológicamente válidas que se acercan a esa realidad.
¿Por qué comparar el número absoluto de casos entre dos periodos puede ser engañoso, y qué lo corrige? Consideremos una comunidad con 60 casos de tuberculosis en 1995 y 80 casos en el año 2000: un aumento aparente de la enfermedad. Pero si en ese mismo periodo la población pasó de 30.000 a 50.000 habitantes (por crecimiento natural o inmigración), la proporción real de la enfermedad en la población fue 60/30.000 = 0,0020 en 1995 y 80/50.000 = 0,0016 en el año 2000 — es decir, expresado por 10.000 habitantes, 20 casos por 10.000 en 1995 frente a 16 casos por 10.000 en 2000: una disminución real, no un aumento. El número absoluto de casos, sin relacionarlo con el tamaño de la población en riesgo, no permite comparar la frecuencia real de una enfermedad entre dos momentos o dos poblaciones distintas — de ahí que toda medida epidemiológica de frecuencia deba expresarse como una razón, proporción o tasa con un denominador poblacional explícito, nunca como un conteo aislado.
2. Prevalencia
Prevalencia: medida del número total de casos existentes ("casos prevalentes") de una enfermedad, en un punto o periodo de tiempo y en una población determinados, sin distinguir si son o no casos nuevos. Es un indicador de la magnitud de la presencia de una enfermedad en la población.
Proporción de prevalencia = (N° de personas con la enfermedad en un periodo ÷ N° total de personas en el mismo periodo) × factor
La prevalencia no es una tasa en sentido estricto, porque no toma en cuenta el inicio ni la duración de la enfermedad, y su denominador no necesariamente corresponde a la población en riesgo (población expuesta y susceptible de la cual surgen los casos). Aun así, es un indicador de gran importancia en salud pública: provee una medida del volumen o carga de enfermedad en un momento dado, información esencial para la planificación de servicios de salud (¿cuántas camas, cuántos especialistas, cuántos insumos hacen falta ahora?).
3. Incidencia
Incidencia: medida del número de casos nuevos ("casos incidentes") de una enfermedad, originados de una población en riesgo de padecerla, durante un periodo determinado. Es un indicador de la velocidad de ocurrencia de la enfermedad y, en consecuencia, un estimador del riesgo absoluto de padecerla.
Incidencia = (N° de casos nuevos en un periodo ÷ N° total de personas en riesgo al comienzo del periodo) × factor
Es fundamental precisar siempre a qué población y a qué periodo de tiempo se refiere el cálculo: el denominador de la incidencia de cáncer de cuello uterino debe incluir únicamente mujeres; el de la incidencia de gonorrea, solo población sexualmente activa — incluir denominadores irrelevantes diluye artificialmente la medida.
| Tipo | Definición |
|---|---|
| Incidencia acumulada | Cociente entre casos nuevos y tamaño de la población en riesgo durante un periodo; asume —de forma simplificada— que todos los individuos estuvieron en riesgo durante todo el periodo observado (una simplificación, ya que en la práctica quien enferma "deja de pertenecer al denominador" y "pasa al numerador") |
| Tasa de incidencia / densidad de incidencia (también "fuerza de morbilidad") | Cociente entre casos nuevos y el total de tiempo-persona de observación (años-persona, días-persona) — una medida más precisa que sigue a cada individuo el tiempo exacto que estuvo en riesgo; propia de estudios de cohorte (ver capítulo IV.1). En la práctica cotidiana de salud pública se usa con más frecuencia la incidencia acumulada, más simple de calcular; una aproximación práctica a la tasa de incidencia sin datos de años-persona es tomar como denominador la población a mitad de periodo |
4. La relación entre incidencia y prevalencia
Prevalencia e incidencia son ambas medidas de morbilidad, pero difieren en qué preguntan: la prevalencia mide cuántas personas tienen la enfermedad en un momento dado (magnitud); la incidencia mide cuántos casos nuevos se presentan en un periodo (velocidad). Si aumenta la incidencia y el número de muertes/recuperados se mantiene sin cambio, aumentará la prevalencia; si aumenta la mortalidad o más gente se recupera y la incidencia no cambia, la prevalencia disminuirá.
En situación de equilibrio, la prevalencia (P) es el producto de la incidencia (I) por la duración de la enfermedad (D):
P = I × D
Esta relación tiene consecuencias contraintuitivas importantes: si se introduce una prueba diagnóstica que detecta la enfermedad tempranamente en el periodo subclínico, el resultado práctico es un aumento de la incidencia registrada, de la duración observada de la enfermedad, y por lo tanto de la prevalencia — sin que la enfermedad se haya vuelto más frecuente en términos reales. Del mismo modo, un medicamento que pospone la mortalidad sin curar definitivamente también aumenta la prevalencia (la enfermedad dura más tiempo en cada persona, aunque no aparezcan más casos nuevos).
Trampa de examen: un aumento de la prevalencia de una enfermedad no siempre significa que la enfermedad se esté volviendo más frecuente o más grave — puede reflejar, en cambio, una mejora en la detección (más tamizaje) o en el tratamiento (mayor supervivencia sin cura). Interpretar un cambio en la prevalencia exige preguntarse primero qué pasó con la incidencia y qué pasó con la duración de la enfermedad, no asumir automáticamente que "más prevalencia = peor situación epidemiológica".
5. Tasa de ataque: la incidencia en brotes
Cuando se investiga una epidemia o brote, el numerador es el número de casos nuevos y el denominador es el total de personas expuestas al factor de riesgo o agente causal — el tiempo se maneja de forma implícita, ya que la mayoría de los casos ocurren en horas, días o semanas. La tasa de incidencia obtenida en esta situación se denomina tasa de ataque, y se expresa usualmente como porcentaje.
Ejemplo de cátedra: 96 personas expuestas a un agente (por ejemplo, Pseudomonas aeruginosa contaminando equipo quirúrgico), de las cuales 26 se enfermaron en un periodo corto: tasa de ataque = 26/96 × 100 ≈ 27,1%. La tasa de ataque se usa extensamente en la investigación de brotes para comparar el riesgo entre distintos grupos de expuestos (ver capítulo VI.2, brote de cólera amazónico).
6. Puntos clave
- Prevalencia = casos existentes (nuevos + viejos) en un momento dado ÷ población total — mide magnitud, útil para planificar recursos.
- Incidencia = casos nuevos en un periodo ÷ población en riesgo al inicio — mide velocidad/riesgo de enfermar.
- Incidencia acumulada (simplificada, denominador fijo) vs. densidad de incidencia (tiempo-persona exacto, propia de cohortes).
- P = I × D: la prevalencia depende tanto de cuántos casos nuevos aparecen como de cuánto duran — un aumento de prevalencia puede reflejar mejor detección o mejor supervivencia, no necesariamente peor epidemiología.
- Tasa de ataque = incidencia acumulada calculada sobre la población expuesta durante un brote, expresada como porcentaje.